2.2.08

·· 80

80.

(Mezcla de reflexiones en voz alta y comentarios directos a temas que aparecen en pantalla. Alternando)

¿Cómo que 80?

(Pausa durante la foto de escolar con el libro abierto)


Pues sí, 80.

(La iglesia y el campanario)
80 campanadas y 80 sirenas, para alertar a la población de 80 aviones con 80 bombas cada uno: malos tiempos. En el campanario, no obstante, bocadillos de mejillón, bebida, bombazos... y mucho jolgorio infantil. ¡Que vienen, que vienen! Cantimplora por aquí, proyectiles por allá.

(De la iglesia a los grupos de colegiales)
Me viene de lejos lo de 80. Con 80 amigos crecí, con 80 estudié y con 80 me divertí a instancias de la vida.

(Reflexión 1, que coincide con el inicio de las máquinas)
Siempre tuve claro que quería ser un número libre. Para llegar a 80 sin ataduras. En esta disposición, 8 máquinas compré con gran esfuerzo, por consejo de mi padre, para que pudieran convertirse algún día en 80... o en 800. 80 máquinas a los 80, pensé entonces, un negocio cabal.

(Espacio y... ruido de máquinas)

(Cuando aparece por primera vez la novia)
80 máquinas... y una novia para toda la vida. En algunos temas, como éste y como dios: mejor una, uno que 2.

(Reflexión 2)
Aunque creáis conocerme de sobras, amigos míos, yo, 80, el 80, soy una cifra muy poco corriente; toda una entidad para los especialistas en enteros. Tanto... que, a veces, ni yo mismo alcanzo a reconocerme cuando me sitúo frente al espejo. Me veo, como diría... extranjero. Soy el 80, me repito una y otra vez, mezcla a partes iguales de diez ochos por un lado, y ve tú a saber de cuantas cosas más por el otro; y aún así, conociendo de sobras de qué estoy hecho, y de que pié calza el mundo que me rodea, no llego a ubicarme del todo en él.
Y me quejo, sí, pero sólo un poco. Me lamento casi en silencio, porque entiendo que, cuando se refiere a mí, la gente habla siempre de apariencias, de cómo soy y de la forma que tengo, de cómo sumo, resto. multiplico o divido, pero muy pocas veces de mis otras capacidades.

(Reflexión 3)
No os engaño si os digo que, en el fondo, me gustaría llegar a ser un excelente 100. O un 120, ¿por qué no?. Con los deberes bien hechos, claro está.

(Comentario reiterativo a propósito de imprentas y máquinas)
Miradlas, ¡qué bonitas; y cómo suenan de bien! Me refiero a mis máquinas, por supuesto. Escuchad esta. Y esta otra... Y aquella. Qué maravilla...

(Reflexión 4, que sirve para introducir las primeras fotos de familia)
A lo que ibas, 80.
80 hijos me hubiera gustado tener, aunque jamás lo expresé en público. Llegaron 2: ¡bienvenidos fueron! No hay 80 sin 2, tuve que admitir. 2 para hacer piña, para ser 80.
Papá, comenzaron a llamarme esos dos números pequeños; papá, continúan llamándome aún.
¡Hijos, les contesto yo, ojo... que voy para 80!
¿Cómo que 80?, me responden ellos interrogándose, como si no entendieran del todo –que no entienden todavía- de qué va esto.
O-CH-E-N-T-A. ¿Os suena? Pues claro: 30, 40, 50, 60, 70... y ahora 80, ¡collons!. Espabilad, muchachos, que ya está aquí 80.

(Insistimos suavemente en lo maravilloso del ruido de las máquinas)
Qué bien suenan... ¿verdad?

(Reflexión 5)
80 son los dedos de las dos manos, si multiplicamos 10x10 y restamos 20. Mirad que importante. ¡Adelante, 80!, me voy dando cuerda yo mismo.

(Reflexión 6)
80 son los escalones que me llevan al cielo. 80 también para bajar del burro, que está muy alto. Las escaleras que van a alguna parte tienen todas 80 escalones. Siempre: comprobado. Y las que no, es que no llegan donde tienen que llegar. Menos de 80 escalones en la misma escalera es signo de que las cosas no van bien. Y más de 80, de momento, pura ambición. De modo que, por este año, quédeme en 80.

(Reflexión 7)
80 espíritus son los que me animan, 80 y sólo 80. Ni uno más, ni uno menos. Todos con nombre y apellidos. Podrían haber sido noventa, o veintitrés, pero lo cierto es que son exactamente 80. 80 espíritus del dios Neptuno.

(Reflexión 8)
Gran 80 es el dios de la caza y de la pesca. Vengan a mi capazo, pues, perdices, tordos, becadas, atunes, rayas o doradas.

(Comentario reflexivo coincidiendo con las imágenes de navegación y pesca)
80 barcas para ayudarme a sacar del mar los 80 frutos maravillosos. Voy y vengo, vengo y voy: del mar no me canso nunca. 80 marineros en 80 barcas. 80 ochentas que son, al fin y al cabo, la misma cosa: alegría sobre una superficie tan soberbia como inesperada. Esperanza, fantasía, aventura, desafío, pasión.

(Reflexión 9)
Los Santos Apóstoles tendrían que haber sido 80 y no 12. Que mala suerte que Jesucristo no lo dispusiera de este modo; a buen seguro que esto de la religión hubiera sido de otra forma.

(Comentario dirigido a su mujer. Debe coincidir con las primera
Ay, Coloma: ¡80!. Sólo tú sabes todo lo que pasa por esta cabecita mía...


(Reflexión 10)
80 capítulos tiene el mejor de los 80 libros: El gran libro de las 80 maravillas del universo. 80 maravillas para 80 pueblos. 80 pueblos para 80 líderes. 80 líderes de pacotilla... para joderla 80 veces.


(Comentario para involucrar a la audiencia)
A los que no lo veis con optimismo, quisiera aconsejaros. ¡Sí, sí, tú, tú y tú también!: no os dejéis llevar por la monserga, casi-ochentas; que no os metan en la cabeza que estáis acabados. Ved, sino, cuantos buenos 80 han llegado lejos dando caña al mono.

(Reflexión 12)
80 vértebras tiene la columna, para soportar la cruz de cada día, porque no todo es campo de rosas en eso de labrarse un futuro.

(Comentario alusivo al paso de las imágenes de Cartonajes Mallorca)
Al paso de las hojas de cartón, escuchad lo que os voy a contar: vino a verme el otro día un parroquiano y me propuso lo siguiente: amigo 80, me dijo, ha llegado la hora de servir 80 preservativos en una misma caja. 200 son demasiados, 12 insuficientes, 2... ni te cuento. Y con 60 te puedes quedar corto. La cantidad justa para un provechoso fin de semana largo, intuyo que son 80. Necesitamos cajas, por tanto, para agrupar conjuntos de 80 unidades de latex. Hazme 80 cajas de prueba y no te arrepentirás.
No desvelaré de quién se trata, pero sí que era, al igual que yo, un 80 recién estrenado.
Pues bien, no han pasado tres semanas, y 880 cajas le entrego cada 8 horas, para que pueda llevar a cabo sus incipientes planes preservativos.

(Reflexión 13)
Un poco de metafísica en los últimos compases, que nunca viene mal. Imaginemos juntos que el infinito se alió con el 80 en la noche de los tiempos. Que aprendió de él y que se echó a vivir. Tumbado, allá en lo lejos. Un 80 en calma. Meditando acerca del futuro.

(Comentario para la audiencia)
80 invitados hoy, por cierto, mirad que casualidad.

Y para concluir definitivamente todo este embrollo de ochos y de ochentas, amigos míos, en voz alta proclamo: ¡bienvenida sea la era del 80!

(Pausa)

Aplausos...